Cómo la mesada puede transformar la educación financiera de tus hijos desde temprana edad

La asignación de dinero a los niños fomenta su educación financiera y les ayuda a desarrollar hábitos de ahorro y gasto responsables desde temprana edad.

Ahorro desde la niñez, Pixabay Ahorro desde la niñez - Pixabay

Entregar una mesada a los niños dejó de ser solo una tradición para convertirse en una estrategia educativa recomendada por especialistas en economía familiar. Asignarles dinero periódicamente, bajo reglas claras, fomenta que comprendan el verdadero valor del dinero, aprendan a ahorrar y desarrollen desde pequeños hábitos financieros responsables.

¿Qué significa dar una mesada y cuál es su propósito?

La mesada representa una suma asignada con regularidad —sea semanal o mensual— que padres o cuidadores dan a los menores. El objetivo principal no es cubrir necesidades esenciales, sino ofrecer un monto controlado que los niños puedan administrar y tomar sus primeras decisiones entre gastar y ahorrar. Los expertos recomiendan este método como una forma práctica de enseñar sobre planificación, prioridades y consecuencias, siempre que vaya acompañado del acompañamiento adulto y de reglas explícitas.

¿A qué edad conviene empezar?

No existe una edad fija para comenzar; sin embargo, organismos de educación financiera sugieren dar la mesada entre los 5 y 7 años. Esta etapa coincide con el momento en que la mayoría de los niños ya reconoce monedas y billetes y puede capturar ideas básicas como guardar, gastar o esperar para obtener algo. En los primeros años la clave es mantener el foco educativo, ya que la intención no es que el menor alcance independencia financiera, sino que comprenda la dinámica básica del manejo de dinero.

¿Cuánto dinero es apropiado?

El monto de la mesada debe ajustarse considerando la edad del niño, la realidad económica de la familia y el costo de vida local. No existen cifras únicas ni oficiales; la recomendación general es entregar montos proporcionalmente bajos, consistentes y sin excesos. Actualmente, la tendencia es iniciar con cantidades pequeñas para los más chicos y aumentar gradualmente con la edad y madurez. Sólo se aconsejan ajustes si cambian las responsabilidades del menor o las circunstancias económicas de la familia.

  • Cantidades pequeñas para los menores.
  • Incrementar el monto a medida que crecen.
  • Ajustar solo si cambia el contexto familiar o las tareas asignadas.

El monto debe ser suficiente para experimentar con pequeñas decisiones, pero no para cubrir los gastos que corresponden a los adultos.

Frecuencia: semana o mes

La periodicidad con la que se entrega la mesada resulta fundamental. En niños más pequeños, la frecuencia semanal facilita el aprendizaje del ciclo gasto-ahorro, ya que el periodo corto les permite visualizar mejor sus decisiones. Para adolescentes, el método mensual ayuda a planificar a más largo plazo. Mantener un calendario fijo para el pago refuerza el compromiso y la importancia de la previsibilidad, aspectos vitales en la educación financiera infantil.

Reglas claras desde el inicio

Uno de los principales desafíos al implementar la mesada es entregar dinero sin un acuerdo sobre normas. Los especialistas insisten en establecer directrices antes de dar la primera suma. Entre las reglas básicas están:

  • Determinar para qué puede usarse la mesada.
  • Dejar claro que no habrá anticipos ni se repondrá si se gasta antes de tiempo.
  • Explicar que el ahorro es una parte natural del proceso.

Estas directrices contribuyen a que los niños comprendan que el dinero es limitado y toda decisión financiera tiene consecuencias.

¿Conviene dar mesada por labores domésticas?

Este aspecto genera opiniones encontradas. Algunos expertos recomiendan no pagar tareas habituales del hogar para que los niños comprendan que son parte de la convivencia familiar. Otros sugieren entregar una recompensa solo por tareas extraordinarias y diferenciadas. La posición más compartida es separar la mesada de las obligaciones rutinarias, para que no asocien toda responsabilidad con compensaciones materiales.

El rol fundamental de los padres

Entregar una mesada no significa restar supervisión. El acompañamiento adulto resulta esencial: hablar sobre en qué se gastó, cuánto se logró ahorrar y qué motivó cada decisión potencia el aprendizaje financiero. Además, los niños imitan los comportamientos de los mayores, por lo que la coherencia y los hábitos familiares impactan directamente en cómo los pequeños construirán su relación con el dinero.